Mucha gente dice que los futbolistas no pensamos, que no
analizamos el juego y nos movemos por inercia en la cancha. Eso no es cierto,
el futbolista piensa durante todo el partido incansablemente. Tal vez se le
pueda acusar de falto de concentración a algún jugador pero jamás de no
pensante. Miren sino que buen ejemplo soy yo. Observen lo profundo de mis
pensamientos mientras hago mi tarea de último hombre, de líbero del equipo. Lo
que sí acepto es que tal vez no sea el momento adecuado para este tipo de
reflexiones. Y menos ahora que ya alcanzaron otra pelota y el cuatro de ellos
la pone en juego con las manos.
¿Debería estar analizando las situaciones del juego y no los
rótulos populares del futbolista argentino? Tal vez. Vamos Manu. Bien, qué
partido está haciendo, qué bien ganó de arriba y encima calculo que le va a
caer a Gonza. Estamos jugando bien, los tenemos apretados, en cualquier momento
hacemos el segundo. Pasala de una Gonza, no te compliques. No hay caso con
este. ¡Uy, qué pase metió! Listo: Tincho en el mano a mano no perdona. ¡Ay! Se
le quedó atrás qué lástima. Epa, eso es penal. –¡Penal! No puede ser que no se
anime a cobrarlo, era el segundo. No nos cobraron ni un penal en lo que va del
torneo. ¿Cuántos partidos van? Once creo. Es increíble. ¿Existen las malas
rachas con los fallos arbitrales? Porque a River le pasa lo mismo, por ejemplo,
hace rato no le cobran un penal.
Uh, ¿qué hace Fede acá, tan cerca de nosotros los defensores?
Largala Fede que si la perdés estamos mal parados. Ya se complico, no traslades
más por favor. Listo está a punto de que lo coman. Mejor, retrocedo, y miro. El
Chueco pasó por izquierda y está pegado contra la raya de ese costado, no lo
cuento, si la pierde Fede ahora, no llega ni loco. A ver del otro lado. Fede ya
está corriendo paralelo a los laterales con la pelota dominada, con dos que lo
llevan por la espalda y en dirección hacia nuestro arco. Pasó la línea de Nico,
nuestro cuatro, así que listo cuando la pierda, porque ya es un hecho, somos
dos para defender. Los dos centrales. Pochi está marcando al mejor delantero de
ellos, y veo que se le ilumina la mirada. Es la confirmación de que Fede la
perdió. Instantáneamente se escucha el pelotazo. A correr. -¡Seguilo Pochi! Yo
acelero hacia el centro del área vaya uno a saber para qué, porque si el once
de ellos le gana en el pique a Pochi va a quedar mano a mano con Santi y si
define bien no voy a poder hacer nada. El pase fue perfecto y el delantero
tiene ventaja, va a llegar primero. Llegá vos Santi, te lo pido por lo que más
quieras. No llega ni a palos, mejor corro hacia el arco yo porque sino es gol.
Tapalo. ¡Sí, le pifió! No, mirá el amague que le salió, no puede tener tanta
suerte, lo dejó desparramado a nuestro arquero sin querer. Tiene el arco solo,
soy la única esperanza, una salvada en la línea. Pero estoy lejísimo. Si le
pega mal capaz llego. Dale, dale. Vamos todavía, le pegó mordido. La salvo yo.
No, no llego. Sí, si. No. Sí. No. Sí, tengo que llegar. Me tiro. No.
Mirá el gol que nos hacen. La alcance a tocar con la punta
del pie encima, pero no con la fuerza como para sacarla. Me faltaron diez
centímetros para ser un héroe. Y qué duro está el pasto, ¡cómo me arde la
pierna! A ver. Sangre en la rodilla y a la altura del glúteo. Sacrificio
inútil. Que desgracia. Leí bien la jugada. Eso sí, de haberla previsto antes
llegaba. Con dos segundos antes alcanzaba para ganar esos diez centímetros que
me faltaron. Si estaba un poco más concentrado seguro la pensaba como la pensé,
pero un poquito antes.
Serra, Facundo.
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